Tricel excluye del padrón electoral a Daniel Jadue: No podrá ser candidato a diputado

Este viernes 12 de septiembre, el Tribunal Calificador de Elecciones (Tricel) resolvió revocar la sentencia dictada por el Segundo Tribunal Electoral de la Región Metropolitana y acogió la reclamación presentada por el abogado de Renovación Nacional, Marcelo Brunet. Con esta decisión, se deja sin efecto la candidatura a diputado por el distrito 9 del exalcalde de Recoleta, Daniel Jadue, quien se encuentra formalmente acusado por delitos de fraude al fisco, estafa, cohecho y delito concursal en el marco del caso Farmacias Populares.

La resolución del Tricel se fundamenta en el artículo 16 de la Constitución Política de la República, que establece la suspensión del derecho a sufragio para quienes se encuentren formalmente acusados por delitos que conlleven penas aflictivas. En este contexto, el tribunal determinó que se cumplen los requisitos legales para excluir a Jadue del Padrón Electoral Auditado.
Este fallo no solo tiene implicancias jurídicas, sino que también reafirma el valor de la justicia como principio rector en una democracia. La justicia no se acomoda a intereses ni se dobla ante presiones políticas o ideológicas. Su propósito es garantizar que las reglas se apliquen con equidad, incluso cuando se trata de figuras públicas con alta exposición.
Desde la oposición, diversos actores valoraron la decisión como un acto de justicia. El presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, señaló que “lo de Daniel Jadue violaba flagrantemente el artículo 16 de la Constitución, y el Tricel lo que está haciendo ahora es justicia”. Esta postura refleja la importancia de que las instituciones actúen con firmeza cuando se trata de proteger la integridad del sistema democrático.
Más allá de las posiciones políticas, este caso deja en evidencia que la justicia debe mantenerse como un pilar inquebrantable. Aunque algunos intenten torcer la verdad o relativizar los hechos, el sistema judicial tiene la responsabilidad de actuar con objetividad y rigor. Porque en una sociedad que aspira a ser justa, no basta con proclamar principios: hay que aplicarlos, incluso cuando incomodan.



