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Poder Judicial confirma identidad de Bernarda Rosalba Vera Contardo tras exámenes de ADN

El ministro en visita para causas de Derechos Humanos, Álvaro Mesa Latorre, confirmó este lunes a los familiares de Bernarda Rosalba Vera Contardo que los exámenes de ADN realizados por el Servicio Médico Legal (SML) verificaron la identidad de la mujer localizada en Argentina. El nombre de Vera figuraba desde hace más de medio siglo en el listado oficial de detenidos desaparecidos de la dictadura militar.

Confirmación científica

El análisis genético comparó el perfil de Vera con las muestras de sus familiares almacenadas en el Banco Genético de Familiares de Detenidos y Ejecutados Políticos del SML, arrojando una probabilidad de identificación superior al 99,9999%.

El ministro decretó el secreto de investigación y dispuso la reserva del informe pericial, dado que contiene datos personales sensibles protegidos por la Ley N.º 19.628 sobre Protección de la Vida Privada.

Trayectoria y militancia

  • Nació en 1946 en Santiago.
  • Estudió en la Escuela Normal de Valdivia y se tituló como profesora de educación primaria.
  • Se desempeñó en la Escuela de Puerto Fuy, vinculada al Complejo Maderero y Forestal Panguipulli, uno de los proyectos emblemáticos de la Unidad Popular.
  • Militó en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y en el Movimiento Campesino Revolucionario (MCR), su brazo rural.
  • En 1972 dejó a su hija al cuidado de sus padres y en enero de 1973 anuló su matrimonio.
  • Tenía 27 años cuando fue vista por última vez en octubre de 1973.

Versión oficial de la dictadura

El Informe Rettig y los registros oficiales sostenían que Vera había sido detenida el 10 de octubre de 1973 en Trafún, acusada de participar en un atentado contra un retén de Carabineros. Se presumía que fue ejecutada en el puente Villarrica sobre el río Toltén junto a otros detenidos de Liquiñe. Desde entonces, su nombre quedó inscrito como víctima de desaparición forzada en los archivos del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.

Giro en la investigación

La causa cambió de rumbo cuando reportajes periodísticos ubicaron en Mar del Plata a una mujer que utilizaba la identidad de Bernarda Vera. Los antecedentes recopilados indicaban que habría sobrevivido a los hechos de 1973, cruzado a Argentina y emigrado más tarde a Suecia, donde obtuvo residencia en 1978, adquirió la nacionalidad sueca y posteriormente regresó a Argentina.

Testimonios que cuestionaban la versión oficial

El libro De Carranco a Carrán del exmilitante del MIR, José Manuel Bravo Aguilera, publicado en 2012, ya había puesto en duda la versión oficial. En sus memorias relató que “Anita” —alias de Bernarda Vera— participaba en desplazamientos y acciones de resistencia tras el golpe de Estado.

  • Septiembre de 1973: Anita aparece junto a otros militantes huyendo por bosques en la zona de Choshuenco, Región de Los Ríos.
  • Diciembre de 1973: Bravo la describe aún activa en operaciones de resistencia, participando en contactos con otros grupos guerrilleros.
  • Alias político: “Anita” era el nombre con que se identificaba Bernarda Vera dentro de la militancia del MIR.
  • Contradicción: Mientras el Informe Rettig la daba por ejecutada en octubre de 1973, Bravo la sitúa viva y en movimiento semanas después, cuestionando la narrativa oficial sobre su desaparición.

El testimonio incluye relatos de huidas por bosques, enfrentamientos con Carabineros y reorganización de grupos guerrilleros, situando a Vera en plena actividad política y militar en la región de Los Ríos.

Impacto histórico y social

La confirmación de identidad de Bernarda Vera constituye un hecho histórico que reabre el debate sobre la memoria histórica y la complejidad de los procesos de verdad y justicia en torno a las víctimas de la dictadura.

Su caso refleja las tensiones entre las versiones oficiales, los testimonios de sobrevivientes y los hallazgos posteriores, marcando un precedente en la revisión de los registros de detenidos desaparecidos en Chile.

Para su familia, que la buscó durante más de 50 años, este hallazgo representa un giro inesperado y doloroso, pero también una oportunidad de esclarecer la verdad y avanzar en la reparación simbólica.

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