Salud

Dormir con luz encendida: un riesgo silencioso para la salud

Según explicó, incluso una iluminación tenue atraviesa los párpados, activa las células fotorreceptoras de la retina y confunde al cerebro. Esto altera el ritmo circadiano y reduce la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño. La consecuencia es un descanso crónicamente perturbado, capaz de deteriorar la función metabólica con el tiempo.

Evidencia científica

La advertencia se respalda en estudios. Una investigación publicada en 2019 en JAMA Internal Medicine, que siguió a más de 43.000 mujeres durante cinco años, reveló que quienes dormían habitualmente con una luz de noche o el televisor encendido tenían un 17 % más de riesgo de ganar al menos 5 kilos. Además, presentaban un aumento del 22 % en la probabilidad de sobrepeso y del 33 % en la de obesidad, en comparación con quienes dormían en completa oscuridad.

Dos mecanismos principales

Los especialistas señalan dos vías clave por las que la luz artificial nocturna afecta al metabolismo:

  • Resistencia a la insulina: obliga al páncreas a segregar más hormona y favorece el almacenamiento de grasa.
  • Desajuste hormonal: altera la regulación del apetito al disminuir la leptina (sensación de saciedad) y aumentar la grelina (sensación de hambre).

Zheng advierte que esa “pequeña luz de noche” puede ser un factor silencioso detrás de la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, al subestimarse su impacto sobre el sueño y el metabolismo.

Una joven china de poco más de 20 años, con un peso cercano a los 100 kilos, fue diagnosticada con hipertensión y niveles muy elevados de glucosa en ayunas, condiciones poco frecuentes a esa edad. Al analizar sus hábitos, Zheng Tian-ming, subdirector del Departamento de Medicina del Sueño del Hospital Kangning, detectó un patrón constante: la paciente dormía siempre con la luz encendida.

Según explicó, incluso una iluminación tenue atraviesa los párpados, activa las células fotorreceptoras de la retina y confunde al cerebro. Esto altera el ritmo circadiano y reduce la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño. La consecuencia es un descanso crónicamente perturbado, capaz de deteriorar la función metabólica con el tiempo.

Evidencia científica

La advertencia se respalda en estudios. Una investigación publicada en 2019 en JAMA Internal Medicine, que siguió a más de 43.000 mujeres durante cinco años, reveló que quienes dormían habitualmente con una luz de noche o el televisor encendido tenían un 17 % más de riesgo de ganar al menos 5 kilos. Además, presentaban un aumento del 22 % en la probabilidad de sobrepeso y del 33 % en la de obesidad, en comparación con quienes dormían en completa oscuridad.

Dos mecanismos principales

Los especialistas señalan dos vías clave por las que la luz artificial nocturna afecta al metabolismo:

  • Resistencia a la insulina: obliga al páncreas a segregar más hormona y favorece el almacenamiento de grasa.
  • Desajuste hormonal: altera la regulación del apetito al disminuir la leptina (sensación de saciedad) y aumentar la grelina (sensación de hambre).

Zheng advierte que esa “pequeña luz de noche” puede ser un factor silencioso detrás de la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, al subestimarse su impacto sobre el sueño y el metabolismo.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba