“Curado manejo mejor”: un mito que puede costar vidas

A pesar de las permanentes campañas de prevención y de la sólida evidencia científica disponible, aún persiste la creencia de que algunas personas pueden conducir de forma segura después de consumir alcohol. Expresiones como “curado manejo mejor” o “yo controlo cuanto tomo” reflejan una percepción errónea que puede tener graves consecuencias, tanto para quien conduce como para todas las personas que comparten los espacios públicos de circulación.
La evidencia es contundente. Durante cinco días del año 2025 se registraron 563 siniestros viales, que dejaron un saldo de 415 personas lesionadas y 23 fallecidas. Estas cifras nos recuerdan que nadie mejora sus capacidades para conducir después de beber alcohol.
Desde la salud mental y las neurociencias, sabemos que el alcohol afecta funciones cerebrales fundamentales para una conducción segura. Incluso en cantidades moderadas, altera la atención, disminuye la capacidad de reacción, afecta la coordinación motora y reduce la habilidad para responder adecuadamente ante situaciones imprevistas. A ello se suma un fenómeno especialmente preocupante: el alcohol genera una sensación de confianza y seguridad que lleva a muchas personas a creer que mantienen el control de sus acciones cuando, en realidad, sus capacidades ya se encuentran deterioradas.
Esta falsa percepción se relaciona con mecanismos psicológicos como la negación del riesgo, la sobrevaloración de las propias habilidades y la normalización social del consumo de alcohol. Frases como “siempre lo he hecho y nunca me ha pasado nada” evidencian una subestimación del peligro y de las consecuencias que puede desencadenar una única decisión equivocada.
Frente a una persona que pretende conducir después de haber bebido alcohol, la intervención temprana resulta fundamental. Lo recomendable es dialogar con respeto, empatía y firmeza, evitando confrontaciones que puedan generar resistencia. Asimismo, ofrecer alternativas concretas, como solicitar un servicio de transporte, coordinar un conductor designado o solicitar el apoyo de familiares y amigos, puede marcar la diferencia entre llegar a casa de forma segura o protagonizar una tragedia evitable.
Es importante comprender que conducir bajo los efectos del alcohol no constituye un problema individual. Un conductor en estado de ebriedad pone en riesgo su propia vida, la de sus pasajeros, la de los peatones y la de otros conductores.

Máster en Salud Mental, Facultad Enfermería
Universidad Andrés Bello



